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El virus de inmunodeficiencia humana fue identificado en el año 1980, secundario a una neumonía difícil, dicha neumonía la presentaban poblaciones con inmunodeficiencia, la cual se creía que estaba restringida a un pequeño grupo de riesgo, en 1984 se identifica el agente causal de este virus y en 1985 ya se contaba con la primer prueba ELISA para su detección, secundaria al estudio de esta enfermedad se demostró su mecanismo de trasmisión a través del contacto sexual, sangre y vía perinatal. Existen dos tipos de virus, en el continente americano predomina el VIH tipo 1 (VIH-1) en el continente africano es autóctono el VIH tipo 2 (VIH-2). Este virus se ha convertido en uno de los virus más estudiados y con ello se ha modificado favorablemente le esperanza de vida para las personas con VIH, secundario a la suma de éxito en el control de la enfermedad se propone que el seguimiento se en primer nivel de atención. La incidencia global de VIH ha disminuido lentamente pese a los grandes avances en las estrategias de prevención en la transmisión del VIH. Las nuevas infecciones se han reducido en un 54% desde el pico máximo en 1996 y un 32% desde 2010. Las infecciones oportunistas se han identificado como infecciones graves o mayormente frecuentes secundario a la inmunosupresión por el HIV. El reconocimiento de las manifestaciones clínicas es fundamental para determinar el diagnóstico del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), estas manifestaciones clínicas ocurren en promedio de 7 a 10 años posterior a la exposición al virus. La mortalidad en personas con VIH ha mejorado en las últimas décadas esta mejora se relaciona con amplia disponibilidad y a la mejora de la eficacia y la seguridad del TAR, a la optimización del tiempo para conseguir la supresión virológica y la recuperación inmunológica, y al seguimiento específico de comorbilidades en las personas con VIH.
Published in: Ciencia Latina Revista Científica Multidisciplinar
Volume 8, Issue 6, pp. 3205-3212