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La exposición cotidiana a luz visible de alta energía (HEV, 400–500 nm) procedente de pantallas y de iluminación LED ha generado preocupación clínica, especialmente por su potencial papel en pigmentación y fotoenvejecimiento. Se realizó una revisión narrativa estructurada con metodología explícita orientada a dermatología clínica, priorizando literatura reciente e incorporando estudios fundacionales indispensables para fotobiología y comparaciones dosimétricas. Se consultaron bases biomédicas y regionales (PubMed/MEDLINE, Scopus, SciELO, LILACS y BVS) y documentos técnicos de seguridad lumínica, sintetizando la evidencia por categorías: dosimetría real, mecanismos, hallazgos clínicos y fotoprotección aplicable. Los hallazgos indican que la radiación visible, incluida la fracción azul, puede inducir estrés oxidativo y activar vías asociadas a degradación de matriz extracelular en modelos experimentales, con relevancia estrechamente dependiente de la dosis, el espectro y las condiciones de exposición. En melanocitos, la señalización mediada por fotorreceptores como opsina-3 respalda plausibilidad biológica para melanogénesis sostenida, con mayor susceptibilidad en fototipos altos y en dermatosis pigmentarias. Sin embargo, la dosimetría en condiciones reales sugiere que la irradiancia de pantallas e iluminación interior es muy inferior a la radiación solar, por lo que la extrapolación directa de modelos mecanísticos a uso habitual de dispositivos requiere cautela. La evidencia clínica es más consistente en melasma y despigmentaciones, donde la protección frente a luz visible (por ejemplo, formulaciones con pigmentos) puede reducir recaídas y es respaldada por consensos recientes. En conjunto, el riesgo clínicamente relevante parece concentrarse en subgrupos predispuestos, por lo que la comunicación clínica debe evitar el alarmismo y priorizar fotoprotección racional y sostenible.
Published in: Revista sanitaria de investigación.
Volume VII, Issue 04