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«A la pregunta de qué es una institución, muchos lectores desconocedores de la obra de Gustavo Bueno (1924-2016) y los desarrollos del materialismo filosófico responderán que la definición de un término tan habitual es ociosa e impertinente; o, quizás, remitirán al Estado, a algo oficial, por "institucional". Sin embargo, con este ensayo –con mis limitaciones– se busca atajar esa afirmación embotada, sepultada por un ramaje y hojarasca de prejuicios e ideas monocordes que, inerciales, han disecado el término. Quienes continúen leyendo, si su atención no la captura el enésimo enano saltarín tecnológico, se percatarán de que asunciones heredadas –implantadas– dan coherencia a malentendidos tan dilapidadores de pensamientos y recursos como la línea del horizonte. [...] Para argumentar contra estas afirmaciones y explicar mi posición, me baso en el planteamiento de qué entiende por este término Bueno desde el materialismo filosófico (o, mejor dicho, qué entiendo yo que entiende él), una filosofía que refunde términos previos (escolásticos españoles, marxistas) y los propone en un planteamiento propio y en lengua española que es, como mínimo, demoledor. Por lo didáctico opondré esas ideas, en una segunda parte, a Mary Douglas, que en su libro Cómo piensan las instituciones –conferencias que impartió la autora durante años– enmienda mucho de lo sostenido en otra obra, Pureza y peligro. Ambas abren la puerta a criticar la idea de institución ("pensamiento institucional") de la antropóloga anglosajona, tan influyente en pasillos, laberintos y escondrijos académicos».