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Un elemento destacado de los retablos llevados a cabo por el escultor Juan de Juni y su escuela en la provincia leonesa, en las localidades situadas en las riberas de los ríos Esla y Cea, que conecta con sus intervenciones en la provincia de Valladolid, en torno a las décadas de 1530-1580, y se prolonga hasta el siglo XVII, fueron los grutescos. En ellos, a través de motivos reiterados, sus integrantes encerraron significados extraídos de la teología cristiana contrarreformista, combinados con otros que desafiaban este pensamiento, que beben de la mitología, el hermetismo, la cábala y el criptojudaísmo, componiendo así mensajes cifrados que se unificarían a través de la filosofía neoplatónica y se incorporarían al humanismo hispánico. Estas composiciones no solo probarían la erudición de sus comitentes y/o de sus artistas, sino que arrojarían luz sobre el sentido de los retablos, sobre las fuentes que manejaba la escuela (encontrándose similitudes con repertorios como Polifilo), sobre elorigen, viajes, inspiración y referencias de sus integrantes (mezclando formas de hacer de la escultura francesa con los programas norteños italianos) así como posibles filiaciones ocultas (como su predilección por la cábala judía, perseguida por la ortodoxia religiosa del momento). Asimismo, su calidad contribuiría a revalorizar dichos retablos, sometidos al olvido historiográfico, al ubicarse en zonas poco concurridas o con riesgo de despoblación.