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En un orden internacional de creciente incertidumbre, las organizaciones enfrentan un obstáculo en integrar prácticas sostenibles que promuevan no solo la eficiencia económica, sino el bienestar humano y el equilibrio ambiental (Hariram et al., 2023). Este viraje hacia modelos de gestión más sostenibles ha posicionado a la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) como una línea estratégica prioritaria, capaz de articular valores éticos, impacto ambiental y bienestar laboral en una misma plataforma operativa (Soren y Ryff, 2023). En esta línea, el bienestar eudaimónico (centrado en la autorrealización, el propósito vital y las relaciones positivas) se presenta como una alternativa robusta frente a las visiones hedónicas tradicionales, permitiendo una comprensión amplia y funcional del bienestar en el trabajo (Kozusznik et al., 2019). En términos concretos, la evidencia disponible respalda que el compromiso laboral y la creatividad verde pueden actuar como recursos personales y organizacionales que potencian la innovación sostenible y fortalecen la cultura circular dentro de las empresas (Scurtu et al., 2024). De hecho, datos recientes indican que el 86 % de las empresas mexicanas considera prioritario incluir políticas de sostenibilidad en sus operaciones, pero solo un 32 % ha vinculado explícitamente estas estrategias con indicadores de bienestar laboral o innovación ambiental (KPMG, 2023). A nivel internacional, el informe Global Reporting Initiative del 2022 muestra que apenas el 28 % de las grandes corporaciones evalúa sistemáticamente el impacto psicosocial de sus políticas de RSC sobre los trabajadores (Global Reporting Initiative [GRI], 2022). Esta desconexión entre sostenibilidad ambiental y bienestar organizacional hace visible una desigualdad sustantiva que requiere abordajes integradores.